

Salsa de pollo: Cortá la pechuga de pollo en cubos chicos.
En una sartén, calentá el aceite y salteá la cebolla (y el morrón si usás) hasta que estén blandos.
Agregá el ajo picado y el pollo. Cociná hasta que el pollo esté blanco por fuera.
Incorporá el tomate triturado, el agua o caldo, sal y condimentos.
Cociná a fuego bajo 15–20 minutos, hasta que el pollo esté bien tierno y la salsa suave.
Polenta: Herví el agua o caldo con la sal.
Bajá el fuego y agregá la polenta en forma de lluvia, mezclando constantemente.
Cociná 5–8 minutos, revolviendo, hasta que quede cremosa.
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Apagá el fuego y agregá el aceite de oliva (y el queso si usás).
Tip para que sea bien liviana • Usá más líquido que polenta para que quede bien cremosa. • Evitá manteca o crema. • Podés usar pechuga hervida desmenuzada si querés aún más suave.